"Así no trabajo", le dijo el perito Ramón Martínez al secretario de Seguridad Osvaldo Nieva, cuando llegó a la casa de Agustín Aráoz la madrugada del 27 de noviembre de 2004. Horas antes, al juez lo habían asesinado de 10 balazos.

"En ese momento, aclaré que con todas esas personas adentro de la casa, yo no podría trabajar", relató Martínez. Así, reveló lo que muchos suponían: la impericia dominó las primeras actuaciones policiales en la investigación del crimen. Varios testigos declararon en el juicio que muchas personas ingresaron al interior de la vivienda, y alteraron la escena. Varios policías dieron versiones distintas sobre cómo fueron numerosos procedimientos. Y las irregularidades continuaron teniendo impacto en el juicio. El teléfono celular de Darío Pérez, la cartera de Ema Gómez y el libro de Secuestros de la comisaría de Yerba Buena desaparecieron. Hasta ahora nadie se hizo cargo.